martes, 24 de septiembre de 2013

PROMESA SANGRIENTA (Blood and Bone, 2009)





 Hace pocos días vi por primera vez Promesa sangrienta. Había oído hablar bien de ella pero, por la razón que sea, aun no había encontrado el momento de verla. Un error, pues no era consciente de que semejante joya descansaba en mi estantería de “pendientes”. Vaya pasada de película, hacía años que no me lo pasaba tan bien con un titulo de estas características.
Michael Jai White interpreta a Bones, un ex – presidiario que estando en la cárcel le prometió a su compañero de celda que una vez saliera a la calle cuidaría de su mujer e hijo. En el camino se mezclará en el peligroso mundo de las peleas callejeras, una modalidad que se le da de perlas y con la que consigue hacerse un nombre importante.  Bien, de entrada, lo más importante: Michael Jai White está sensacional. Posee ese carisma especial que engancha desde el minuto uno, como artista marcial es un verdadero crack y encima, resulta un actor competente (recordemos que trabajó para Christopher Nolan o Alan Rudolph). En el apartado técnico, destaquemos que la película posee un ritmo envidiable, pues la acción transcurre a toda velocidad, como debe ser en un producto de estas características. En cuanto a la fotografía, posee unos encuadres que dotan a la película de un look moderno, pero sin caer en la cursilería típica de las grandes producciones del actual Hollywood; los combates están rodados con nervio por un equipo de profesionales que saben de qué va el tema, y resultan realmente espectaculares. El cast está lleno de luchadores reales, algo que siempre es de agradecer y en cuanto a los actores, encontramos a Dante Bosco (el mítico Rufio de Hook-1991) y a Julian Sands, que  después de trabajar con Dario Argento o Paco Plaza, interpreta brevemente a un capo mafioso racista y con malas pulgas.
Pensada para arrasar directamente en los mercados domésticos, la propuesta funciona de maravilla, y lo que está claro es que si buscamos una buena película de artes marciales hoy en día, lo que debemos hacer es acudir a un videoclub o hacer zapping en nuestro televisor, pues en las carteleras pocos títulos encontraremos del sub-género.  

Puntuación:
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viernes, 20 de septiembre de 2013

EL TIGRE DE SAN FRANCISCO (Slaughter in San Francisco, 1974)




Una pareja de policías (el asiático Don Wong y  el afroamericano Robert Jones) deberán hacer frente a las fechorías de un súper-narcotraficante experto en artes marciales que lidera las calles de un San Francisco lleno de maleantes,  drogas, prostitución y corrupción policial. Con esta sencilla premisa, el director Lo Wei nos ofrece un entretenido film de carácter policiaco made in Hong Kong (con un pie puesto levemente en la creciente corriente blaxploitation) cuyo visionado considero obligatorio por diferentes razones: la más obvia, por tratarse de la segunda película en la que Chuck Norris realiza un “papel” (si obviamos su etapa como extra), para más señas, dando vida al villano de la función.  Por otro lado, encontrar un largometraje de Lo Wei en el que no aparezca ni Bruce Lee ni Jackie Chan siempre es interesante, pues nos sirve para completar la filmografía de uno de los cineastas chinos más importantes de la historia (le pese a quien le pese). Como dato a añadir, diremos que produciendo encontramos a Raymond Chow y su Golden Harvest, cosa que, si repasamos la historia y las uniones Bruce Lee-Lo Wei- Chuck Norris, no deja ser un apunte interesante.

La película a mí personalmente me gusta pues no defrauda en nada, contiene montones de peleas divertidas, una trama de lo más sencilla e intenta poseer (y a ratos lo consigue) ese look norteamericano de cine setentero estadounidense que personalmente me encanta. A destacar los veinte minutos finales, con Don Wong entrando en la guarida de los villanos, castigando a base de golpes por toda la casa (culminando en el jardín) hasta llegar al esperado combate final contra Chuck Norris, el cual, por decirlo rápido y mal, es de puta madre. Y por si alguien lo dudaba, sí, Norris es lo mejor de la cinta: sus escenas de entrenamiento con otros maleantes quedan en el recuerdo de cualquiera, su  chulería con ese look ultra-peludo asusta al más experimentado, y además, reconozcámosle sus dotes innatas para la interpretación, pues no deja de sorprenderme que, siendo un principiante, Norris fuese capaz de soltar sin  pestañear  perlas como “no tengo miedo a la ley, lo que tengo es dinero y con él se hacen maravillas, es lo único que cuenta en la vida” o esta otra, también digna de colocar en un marco, “sólo hay dos clases de personas, las que me obedecen y las que mueren”. Por último, es de agradecer que Don Wong, el protagonista, no se limite a imitar Bruce Lee  y actúe de forma diferente, intentando definir un estilo propio (y no sólo en las secuencias de lucha) que a la larga desarrollará con creces en sus películas posteriores (algunas de ellas al lado de John Liu).  


Puntuación:
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

EL AVENTURERO DE SHAOLIN (Shaolin Ex - Monk, 1978)




John Liu se encuentra, sin lugar a dudas, entre mis artistas marciales favoritos por lo que ver una de sus películas para mí siempre resulta gratificante, aunque algunas de ellas sean, directamente, flojas (como por ejemplo, Liu en Paris-1979). No es el caso de El aventurero de Shaolin, film que sin ser una maravilla absoluta ni mucho menos sí que podemos definirlo como un entretenidísimo pasatiempo y una nueva oportunidad de disfrutar de la elasticidad y los movimientos de Liu.
La historia no tiene ninguna importancia, pues es el típico festival de traiciones, venganzas, amoríos y muertes (sorpresa final incluida) que no innova en casi nada, pero sin embargo, por las espléndidas y divertidas coreografías que contiene el metraje (que incluye, -aparte del obligatorio recital de golpes, saltos imposibles y a los protagonistas trepando/deslizándose por árboles- las ya famosas patadas de John Liu) se merece al menos un visionado. En la historia, Liu instruye a un joven huérfano deseoso de aprender kung-fu,  y como sucede casi siempre en estas películas, algunos de los mejores momentos los encontramos en las escenas de entrenamiento. Pero repito, el plato fuerte son los combates cuerpo a cuerpo, destacando Liu contra dos hermanos acróbatas, y, lógicamente, la lucha final entre Liu y el huérfano juntos vs el villano de turno.
  
¿La parte negativa? Pues como ocurre a menudo, la supuesta comicidad no funciona en la mayor parte de las escenas en las que no hay peleas. Además, como decía, el guión no esconde novedad alguna y algunos pasajes resultan un tanto aburridos, pero claro, compensa con el carisma de John Liu y su exhibición ante la pantalla. Poco más que añadir, El aventurero de Shaolin no es otra cosa que una más de los títulos buenos de kung-fu de los años setenta…aunque para algunos, tal vez eso ya sea mucho.

Puntuación:
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miércoles, 4 de septiembre de 2013

LA BESTIA Y LA ESPADA MÁGICA (1983)




Me he dispuesto a ver una vez más algunas de las películas de Paul Naschy/Jacinto Molina con la intención de reseñar algunas de ellas en este blog, y de paso, tener una excusa para hablar de un cineasta al que admiro y cuyas películas me gusta coleccionar. Y aunque el nombre de Naschy fuese la gran mayoría de veces ligado al fantaterror español, recordemos que también apareció en otros muchos géneros, como es el caso de la película que paso a comentar, La bestia y la espada mágica. Protagonizada, escrita, dirigida y producida por el propio Naschy,  el film debemos encuadrarlo dentro del horror, claro está, pero también tiene elementos típicos del cine de acción, de aventuras y de paso algunas secuencias marciales dignas de mención.
Se trata de una más de las aventuras del hombre-lobo Waldemar Daninsky (interpretado evidentemente por Naschy), aquí  en busca de una cura para su maldición, llegando a Toledo hasta  conocer a Salom (Conrado San Martín), un sabio que le aconseja realizar un viaje al Japón para que se encuentre con Kian (Sigheru Amachi, excelente actor japonés, habitual en las películas de la saga Zatoichi, por ejemplo) un médico experto en brujería y lo oculto, capaz de ayudarle.  
Ambientada en el siglo XVI, la trama incorpora a la saga de nuestro hombre lobo patrio a los personajes habituales del entertainment cinematográfico japonés de los años 70-80, esto es, a los samuráis y a los ninjas. Y es que la excusa del médico oriental le viene a Molina de perlas para situar a su adorado licántropo en un marco diferente a lo que nos tiene acostumbrados y para crear escenas inolvidables como el ataque en el burdel, o la lucha de Amachi contra los ninjas en las aguas termales.  

Delirio e inteligencia se entremezclan a lo largo de la película, un título que nació un poco a destiempo (en aquel momento ya casi nadie rodaba historias así), pero que no podemos decir que haya envejecido mal (salvo por aquella cabeza cercenada en primer plano), y es posible seguir disfrutándola como cuando afrontamos el primer visionado. Y los que no la hayan visto, les recomiendo que no la dejen pasar, pues pasaran sin duda un buen rato.  Contiene secuencias verdaderamente brillantes, como la muerte del superior de Amachi, sin duda uno de los mejores momentos  de la filmografía naschyana. Aunque la escena más recordada sigue siendo, sin lugar a dudas, el combate casi a mordiscos entre Waldemar  y un tigre p`ropiedad de una hechicera asiática. Concluyendo, La bestia y la espada mágica es Paul Naschy en estado puro.  

Por otro lado, ya se sabe el acto que provoca la plata sobre los hombres lobo, de modo que el lector puede imaginar el juego que supone la introducción en el guión de las espadas fabricadas por dicho material y utilizadas por los samuráis…
Mencionemos algunas curiosidades: Gran parte de la película se rodó en los decorados propiedad del legendario Toshiro Mifune; en el reparto encontramos, en pequeños roles, a personalidades como Sara Mora, Salvador Sainz o el gran Pierrot (todos ellos al inicio de la película); decir además que la canción principal está interpretada (muy elegantemente) por el propio Sigheru Amachi.

Puntuación:
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lunes, 2 de septiembre de 2013

A Man Called Tiger (1973)

Después de rodar junto con Bruce Lee la exitosa obra maestra Fist of Fury, Lo Wei -impulsor de las carreras tanto del primero como más adelante de Jackie Chan en New Fist of Fury -, quiso seguir trabajando junto a Lee por motivos obvios y le ofreció el papel protagonista de su siguiente proyecto A Man Called Tiger, pero Lee no parecía compartir el entusiasmo de Wei en seguir unidos artísticamente, ya que a ojos de Lee, Wei era un chapucero del que ya no tenia nada que aprender y siguiendo su ambicioso instinto decidió lanzarse a por un proyecto personal que daría como resultado la famosa Way of the Dragon, dirigida de forma lamentable por él mismo. Ante esta situación, la decisión tomada por Wei no fué en absoluto desacertada, pues el nuevo buque insignia del proyecto sería Jimmy Wang Yu (One Armed Swordsman 1967), acompañado de un reparto plagado de habituales en las películas de Wei, como James Tien, con el que tiene un excelente combate en un restaurante chino, Lam Ching Ying de mafiosillo casi invisible, Han Ying Chieh (el malo de The Big Boss), rival de Yu en uno de los combates más violentos de la película, e incluso el mismo Lo Wei en un papel (con sorpresa) de jugador de poker putero que le va como anillo al dedo.

Rodada entre Japón y Hong Kong, con un inicio muy al estilo de las películas de triadas de la Shaw Brothers, es decir, en un Pub multicolor con vocalista femenina incluida, la intrincada historia narra la investigación llevada a cabo por Jimmy Wang Yu ,un experto luchador de artes marciales chino que busca respuestas al extraño suicidio de su padre aparentemente ligado con un grupo mafioso de Japón, en dicha búsqueda conoce a una joven cantante japonesa (la guapa Okada Kawai) con intenciones similares, por lo que acaban cooperando en dicha tarea.

El film es muy interesante por muchos motivos. Para empezar, las localizaciones en el Japón moderno le dan a la película un aire muy internacional además de la carga estética y fascinadora que siempre aporta la presencia de ese maravilloso país en cualquier imagen. Con un entorno inmejorable, el guión, a pesar de contener bastantes incongruencias poco molestas, es de una complejidad superior a la media sin por ello perder ritmo en ningún momento. En una de las escenas de la película - adelantándose a la idea que años mas tarde definiría el estilo de acción de Jackie Chan, con un entorno de combate orgánico y variable-, vemos a Jimmy Wang Yu peleando contra un grupo de adversarios en una fábrica por la cual se mueven constantemente, utilizando objetos que encuentran por allí y continuando la pelea en el exterior. Si bien es cierto que ya vimos una pelea con este elemento dinámico en The Big Boss, aquí la cosa va mas allá, ya que después de la fabrica y sus inmediaciones, los combatientes se persiguen a pie hasta la cabina de un teleférico situado sobre el mar en el cual finaliza el combate, culminando con un salto de Wang Yu desde una altura impresionante para luego hacer gala de sus conocidas dotes como nadador. La película esta plagada de acción de todo tipo, tiros... motos... trampolines...(no olvidemos que se trata de una película de Lo Wei) y peleas, peleas con un carácter curiosamente Japonés, ya que a toda la iconografía japonesa presente en el film, se le suma el estilo karatekil de Wang Yu, muy parecido al de Sonny Chiba, con patadas no muy altas, unos gestos manuales muy teatrales ,y golpes potentes muy directos sin excesiva filigrana Shaolinera. Como guinda final, el film cierra con una escena ultra violenta, en la que Wang Yu, perseguido por su maldición, está otra vez a punto de perder una extremidad (Marca de la casa).

Película muy recomendable por todas sus virtudes y por lo que supuso filmográficamente para su director y protagonista.

Puntuación:
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