viernes, 28 de febrero de 2014

GOHAN Y TRUNKS, UN FUTURO DIFERENTE (Zetsubō e no hankō!! Nokosareta chōsenshi - Gohan to Trunks, 1993)



La distribuidora Trashorama anunciaba a principios de semana la aparición en su catalogo de Dragon Ball Zero, versión coreana (y en imagen real) de los míticos personajes creados hace unas décadas por el japonés Akira Toriyama. La noticia despertó de pronto mis ansias de recordar la serie, y repasando mentalmente caí en la cuenta de que algunos de los telefilmes que se realizaron para completar las historias eran realmente cojonudos. Otros no tanto, claro está, pero había dos que eran muy buenos: El último combate (1990) y éste Gohan y Trunks: Un futuro diferente, cuya historia está ambientada en la época en que los Androides A-17 y A-18 arrasaban la Tierra, acabando con la vida de nuestros héroes (según Wikipedia, concretamente transcurre entre los episodios 175 y 176 de Dragon Ball Z). Una vez muertos la mayoría de los protagonistas (Goku, Vegeta, Krilin, etc.) únicamente queda con vida Gohan, viéndose obligado a tratar de vencer a los malvados androides antes de que destruyan el planeta por completo. El joven Trunks, hijo de Vegeta y Bulma, también desea convertirse en un luchador, y rogará a Gohan que le entrene duramente, incluso que le enseñe a convertirse en super saiyajin (superguerrero).

Estas películas (o especiales de tv), evidentemente, fueron diseñadas para los fans de la serie, y son incomprensibles si no se conocen bien a los personajes. Es decir, la acción empieza a saco desde el minuto uno, sin presentar antes a los protagonistas ni explicar que está ocurriendo exactamente (se sobreentiende que el espectador ya lo sabe). Pero como decía, unos films eran mejores que otros, y éste en concreto, al estar protagonizado por Trunks, uno de mis characters favoritos, se gana mi simpatía desde el primer momento. Además (y como siempredigo) me encantan las películas de artes marciales en que se ve el entrenamiento del prota, así que ver cómo evoluciona  el aprendizaje de Trunks minuto a  minuto es sin duda una gozada para mis sentidos, y el momento en que finalmente logra convertirse en superguerrero es lo que definiríamos como orgasmo fílmico.

Quizá exagere con todo esto, pero sinceramente, me encantaba la serie y el merchandising que generó (videojuegos, cromos, fotocopias…). Se perfectamente que la animación ha quedado anticuadísima, que el ritmo puede ser lento para los nuevos espectadores, que había fallos de raccord, que la música hoy puede parecer un horror, etc. pero mi condición de fan puede más y gracias a ella, puedo disfrutar sin problemas de este Gohan y Trunks: Un futuro diferente. En cuanto a los combates, pues el estilo es consecuente con lo que veíamos en los capítulos. Tal vez haya que destacar que al tratarse de un metraje de 50 minutos, las peleas sean más directas y concisas, al disponer de menos tiempo para desarrollarlas. Pero en este caso no es un dato negativo, pues ofrece cierta agilidad a la trama (ojo, recordemos, sólo para fans). Estupenda para recordar viejos tiempos.

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jueves, 27 de febrero de 2014

PASAJERO 57 (Passenger 57, 1992)




Hablaremos hoy  de una película muy importante para nosotros (los amantes del cine de tortas) ya que  supuso el debut de Wesley Snipes como héroe de acción. El actor había demostrado sus excelentes dotes para la interpretación en clásicos como Jungle Fever (1991) e incluso había coqueteado con el thriller en El rey de Nueva York (1990) o New Jack City (1991), pero fue Pasajero 57 la que le desvirgó como héroe capaz de desmantelar los malos gracias a las artes marciales. Y es que Snipes, en la vida real, posee conocimientos en distintas disciplinas de lucha, algo que queda evidente en sus films.
Sin ser sobre el papel nada del otro jueves, sin duda se trata de una de las mejores películas de acción de acción de los 90, y es que precisamente Snipes es quien se encargó de que la película sobresaliese de la media. El futuro protagonista de la saga Blade llena la pantalla con cada una de sus apariciones, ya sea con sus chistes (¿juegas a la ruleta? Deja que te dé un consejo: apuesta siempre al negro), sus movimientos (los combates contra los villanos, las escena de entrenamiento en el gimnasio, etc.) y, por supuesto el hecho de que es un excelente actor y no sólo un armario ropero. 

El terrorista más peligroso de Europa (Bruce Payne) se encuentra en Estados Unidos haciendo de las suyas, pero es interceptado cuando en una clínica intenta hacerse un cambio de cara (la cual pide sin anestesia, demostrando ser un macho-man). Su viaje a prisión se realiza a bordo de un  avión corriente lleno de pasajeros vulgares, transporte que será secuestrado por el criminal con la ayuda de unos terroristas que jamás sabemos de dónde vienen. Pero nadie contaba con que el asiento número 57 estuviese ocupado por John Cutter (Snipes), un agente de seguridad especializado en terrorismo aéreo.    

Como puede comprobarse, los guionistas no tuvieron que romperse demasiado a cabeza a la hora de construir la historia, pro no importa demasiado. La película dura 78 minutos y ofrece lo que promete, frenéticos tiroteos y buenas patadas por parte del protagonista. Todo ello a ritmo de saxofón (me encanta la banda sonora de Stanley Clark), con unos títulos de créditos muy molones (simulando el scanner de seguridad del aeropuerto)  y unos secundarios que a mí personalmente me chiflan, como Tom Sizemore o Bruce Greenwood. Sin olvidar nunca a Snipes, verdadero foco de atención en todo momento.

Puntuación:
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viernes, 14 de febrero de 2014

ROBOCOP 3 (RoboCop 3, 1993)




Hoy viernes 14 de febrero se estrena en las carteleras españolas la nueva versión de RoboCop (2014), la cual, evidentemente, aún no he visto. Pero le tengo muchas ganas, a pesar de que ya he oído y leído de todo, y no todo bueno precisamente. Pero  Robo es un personaje que siempre me ha gustado, de modo que trataré de no perdérmela.

Ayer noche, me apetecía recordar  un poco la trilogía original, y me dio por ver una vez más la tercera entrega con intención de reseñarla en nuestro blog. Lógicamente, elegí la tercera parte porque es la única que podría entrar en las coordenadas de “Dim Mak”, pues por la trama se pasean varios cyborg-ninjas dispuestos a hacerle la vida imposible a nuestro protagonista.
La ciudad de Detroit se encuentra infestada de pobreza, delincuencia y marginación, por lo que los líderes políticos junto a la OCP deciden derribar la ciudad y convertirla en Delta City. Pero los habitantes no estarán en absoluto de acuerdo iniciándose así terribles guerras urbanas. OCP contará con el apoyo de una corporación japonesa, la cual envía a varios de sus robots-ninja para amenizar el proceso de cambio. En medio de todo se encuentra RoboCop, diseñado para cumplir la ley, pero con ciertos sentimientos que le hacen plantearse sus actos.  

Considerada como la peor de la saga, el hijo feo de la familia, es evidente que RoboCop 3 es inferior a las anteriores entregas, pero eso no significa que sea una mala película como se le acostumbra a denominar. Al menos a mí me gusta. Robert John Burke sustituye a Peter Weller en la difícil misión de dar vida a Murphy-RoboCop, y por mucho que digan, lo hace de putísima madre. Nancy Allen sí repite su papel de compañera-amiga, incorporándose al reparto el inigualable Mako, como financiero japonés. Los diversos cyborg-ninjas de los que hablábamos tienen varios momentos de lucimiento, ejecutando acrobacias y demostrando su buen uso de la espada. Sus combates contra RoboCop son divertidos y desprenden un aroma de Serie-Z garrula que me encanta. Y por cierto, el excelente músico Basil Poledouris volvia a la saga tras su ausencia en RoboCop 2 (1990), aportando su indiscutible y conocidísima melodia.
A menudo se ha dicho también que en esta entrega de 1993 se echaba en falta la ultra violencia que disfrutábamos en las anteriores entregas,  pero aunque no haya gore, si que veo suficientes muertes, tiroteos, explosiones y peleas que hacen que tampoco se aleje demasiado al espíritu de las dos anteriores. No obstante, Frank Miller volvía a ejercer de co-guionista (aunque varias fuentes afirman que no le gusto el resultado final).  Dirige y co-escribe Fred Dekker, cineasta que parecía iba a pegar fuerte en el cine fantástico (consulten su filmografía) y que extrañamente desapareció de la industria.  
Creo que el estreno de la nueva  película podemos considerarlo como un buen momento para revisionar, una vez más, esta genial trilogía sobre un héroe que era “parte máquina, parte hombre, todo policía”.    

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miércoles, 12 de febrero de 2014

LA LEYENDA DEL DRAGÓN ROJO (Hong Xi Guan: Zhi Shao Lin wu zu, 1994)




Reconozco que cuando comencé a ver esta película pensé que la odiaría con todas mis fuerzas. Me dijeron que era buena y por eso me animé a verla, pero jamás imaginé que se iniciaría con una escena  QUE PLAGIA DESCARADAMENTE a la excelente Shogun assassin (1980), con Jet Li recogiendo a su bebé y haciéndole elegir entre un juguete o una espada para decidir cuál será su camino. Sin embargo, pasados esos diez minutos iniciales, la película, dirigida por Wong Jing, se convierte en una divertida aventurilla de padre e hijo en busca de correrías por el mundo, que en nada más se parece al clásico japonés (o deberíamos decir ¿americano?).  

Cierto es que el film no ofrece prácticamente nada que no hayamos visto mil veces antes, pero sin embargo, ver a Li interpretando papeles de época y todo lo que ello conlleva debe ser excusa más que suficiente para enfrentarse a un visionado. Las coreografías de Corey Yuen nunca fallan, la introducción en la trama de elementos sobrenaturales no  desentonan en absoluto, las escenas en las que la pandilla de críos practican kung fu son bastante buenas (y eso que yo no soy mucho de los Kung Fu Kids y sagas similares) y ese villano semi-quemado conduciendo una especie de troncomovil con el que asustar a sus víctimas es impagable.  En fin, La leyenda del Dragón Rojo no pasará a la historia, pero tampoco defraudará a aquellos completistas con ganas de acción. Recomendable

Puntuación:
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domingo, 9 de febrero de 2014

EN SU PROPIA DEFENSA (In her defense, 1998)




Michael Dudikoff es una de esas estrellas del cine de acción de videoclub que siempre me ha gustado. Por lo general, si tengo a mi alcance una cinta que él protagoniza, intento no perdérmela, llevándome a veces desilusiones, claro está. Y aunque a lo largo de su carrera interviniese en importantes películas de artes marciales (la saga El guerrero americano, por ejemplo) lo cierto es que, según se ha comentado siempre, Dudikoff era un negado a la hora de pelear frente a las cámaras (usando dobles y todo lo que conlleva) y, en realidad, él siempre quiso hacer otro tipo de papeles. De hecho, me gusta recordar sus inicios interviniendo como secundario en cintas tan ajenas al género como Despedida de soltero (1984) o Cumpleaños sangriento (1981), por citar dos que me agradan. Luego llegó su contrato como protagonista con la Cannon y no se le volvió a ver en otros géneros ajenos a los porrazos, salvo contadísimas excepciones… como En su propia defensa. El que yo quiera  dedicar un post a una película en la que no hay ni una sola patada se debe a que me hace gracia que todos (me incluyo) relacionemos a Dudikoff con el género de acción (y con las artes marciales por expansión) cuando en realidad se nota que el actor se siente mejor realizando films de otro tipo. En En su propia defensa (dirigida por el todoterreno Sidney J. Furie, responsable de Superman IV -1987 entre muchas otras) le vemos compartiendo protagonismo con la oscarizada actriz Marlee Matlin en una trama de juicios y trapos sucios en la que Dudikoff interpreta (y no tan mal, dicho sea de paso) a un abogado que se ve envuelto en una caso de asesinato. Todo un reto interpretativo para el actor que se ve obligado a demostrar a sus detractores que también es capaz de trabajar en la pantalla sin “pelear cuerpo a cuerpo”. Evidentemente no lo logró, la película fue tratada como un telefilme de segunda, cayendo prácticamente en el olvido.  Lástima, porque dentro de sus coordenadas no está tan mal y puede verse sin complicaciones para pasar la tarde. Eso sí, parece que Dudikoff quisiera hacerle un guiño a sus fans, dando vida a un abogado con gafas y toga, sí, pero que en su tiempo libre cultiva su cuerpo, apareciendo en varias escenas entrenando en un gimnasio, practicando con un compañero o dándole a un saco de boxeo.  Y es que, tampoco iba a alejarse tanto del “mini-mito” que había creado con la Cannon…aunque intuyo que fuese a su pesar.     

Puntuación:
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