viernes, 17 de febrero de 2017

EL MONJE (Bulletproof Monk, 2003 )


Película escrita en base a un cómic en realidad desconocido para mí y del que poco puedo aportar, “El monje” es una cinta de acción absolutamente superficial que ahora, más de diez años después de su estreno, prácticamente nadie recuerda, pues apenas contiene elementos que merezcan ser destacados. Un monje poseedor de un pergamino mágico busca a su sucesor por todo el mundo hasta dar con él en las calles de Estados Unidos. Mientras tanto un grupo de mafiosos persiguen el valorado artefacto. O algo así, porque lo cierto es que el argumento es más bien desordenado y poco atractivo, dando paso a que el espectador esté más pendiente de las escenas de acción, llenas de explosiones y tiroteos supuestamente trepidantes, en realidad vacíos, huecos mejor dicho.

Protagonizada por un Chow Yun Fat que en aquel momento gozaba de enorme popularidad gracias a “Tigre y dragón”, probablemente él sea lo mejor de la propuesta, pues el excelente actor pocas veces defrauda en su trabajo, aunque el producto no esté a su altura. Junto a él, Seann William Scott, quien acostumbra a acertar en su registro cómico -era uno de los puntos fuertes de la saga “American Pie”- pero que nunca logró cuajar como action hero -“El monje” no fue una excepción- al menos hasta el momento de escribir estas líneas.
Diálogos horribles (un personaje recita algo así como “Fantastic es mi nombre, y la pasta es lo mío”) y filosofía mal entendida se reúnen en esta propuesta en verdad fallida, que no funciona ni como buddy movie (Chow apenas tiene química con Seann William Scott, y uno hecha en falta, y mucho, a Ti Lung, Danny Lee o incluso a Mark Wahlberg) ni mucho menos como producto de artes marciales, por culpa de un tono hollywoodiense que le impide conectar con los clásicos del género a quien en el fondo hace referencia (véase la alusión directa al filme “Descendant of Wing Chun” o, tal vez, la anecdótica presencia del actor Mako, antiguo compañero de reparto de Bruce Lee o Chuck Norris entre otros). De la pirotecnia y del intento de conexión con el más conocido cine de John Woo mejor no hablar, por mucho que el director de “Una bala en la cabeza” esté detrás de la producción (sic.)

Sin llegar a ser hiriente en ningún momento, el largometraje acepta al menos un visionado gracias a, como decíamos, la presencia de Chow y por poseer cierto aire de cine de aventuras familiar, chistes y acrobacias incluidas. Pero poco más.  

Puntuación:

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